Ramon Vila

Un paisaje anónimo, familiar y desconocido al mismo tiempo, sin presencia humana, atemporal. Generosamente se ofrece como una página a medio escribir.

No tardo mucho en hacerlo mío, deposito en él mis recuerdos, mis sueños, mis deseos.

Horizontes ambiguos, atmósferas líricas que me invitan a la nostalgia, a imaginar e imaginarme. El tiempo no existe, sólo el silencio, la quietud va avanzando y se instala en mí la sensación de contemplar un mundo imposible, o quizás, ya perdido.
Blanca M. de Rozas

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